04/05/2026
A comienzos del presente año, se produjeron avances relevantes en relación con el Acuerdo de Asociación Unión Europea–Mercosur (EMPA), que contempla el Acuerdo Comercial Interno (iTA), con miras al fortalecimiento de las relaciones comerciales e institucionales entre ambos bloques. El iTA es un acuerdo provisional y será derogado y sustituido por el EMPA una vez que este sea plenamente ratificado.
El 9 de enero de 2026, el Consejo de la Unión Europea, órgano responsable, entre otras atribuciones, de negociar y adoptar legislación en el ámbito de la Unión, coordinar las políticas de los Estados miembros y celebrar acuerdos internacionales, aprobó el EMPA y el iTA. La firma formal del instrumento tuvo lugar el 17 de enero de 2026, en Asunción, Paraguay.
Sin embargo, apenas cuatro días después de la firma, el 21 de enero de 2026, el Parlamento Europeo votó y aprobó una solicitud para que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea evalúe la base jurídica del EMPA. La solicitud se fundamentó en tres cuestiones principales: (i) la posibilidad de división del acuerdo, originalmente negociado como un instrumento único y mixto, pero que abarca materias de competencia exclusiva de la Unión Europea y otras atribuidas a los Estados miembros; (ii) la necesidad de aclarar la compatibilidad jurídica del tratado con los Tratados constitutivos de la Unión; y (iii) si la división del tratado en “Acuerdo de Asociación” (EMPA) y “Acuerdo Comercial Provisional” (iTA) es legalmente válida y si el mecanismo de reequilibrio comercial respeta las normas europeas de protección ambiental y sanitaria.
Estas cuestiones suspenden, por el momento, el proceso de ratificación en la Unión Europea, impidiendo que tanto el Parlamento Europeo como los parlamentos nacionales de los Estados miembros avancen en la aprobación del acuerdo EMPA. No obstante, la Comisión Europea informó que continuará con la aplicación provisional de partes del acuerdo comercial (iTA). Por su parte, en el Mercosur, la incorporación del tratado al ordenamiento jurídico de los países miembros fue consolidada el 24 de marzo de 2026.
Con ello, parte del tratado (iTA) entrará en vigor provisional el próximo 1 de mayo de 2026. Este acuerdo interino abarca únicamente cuestiones comerciales, mientras que el EMPA incluye un pilar político y de cooperación, además de un pilar comercial.
Las negociaciones de este acuerdo se han extendido por más de 25 años, habiendo atravesado crisis económicas, cambios de gobiernos y transformaciones en las cadenas productivas. Establece las bases de la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de personas involucradas.
Desde la perspectiva de la UE, conforme a lo dispuesto en el dictamen del Comité Económico y Social Europeo de 10 de agosto de 2018, el objetivo del acuerdo era establecer reglas equilibradas que beneficien a ambos bloques a medio y largo plazo, sin sacrificar ningún sector, ya sea agrícola o industrial, ni ninguna región o país en particular, todo ello mediante un diálogo participativo, colaborativo y transparente.
Desde la perspectiva brasileña, como miembro del Mercosur, el gobierno reconoce en la negociación del acuerdo de libre comercio un camino hacia la reanudación del crecimiento dinámico y sostenible, construido sobre los pilares del diálogo político, la cooperación y el libre comercio. La idea del acuerdo es de beneficio mutuo, un “acuerdo de ganar-ganar”.
A pesar de los cambios recientes y del contexto actual, en el que algunos países adoptan medidas más proteccionistas, el acuerdo continúa avanzando, aunque rodeado de dudas y críticas.
Es evidente que, para todos los Estados Partes, así como para empresas, comerciantes, agricultores y economistas, el acuerdo presenta tanto aspectos positivos como desafíos. En este contexto, y con el objetivo de ofrecer al lector también la perspectiva europea y sus principales preocupaciones, recurro a las contribuciones de reconocidos abogados europeos, especialistas en sus respectivas áreas, con quienes discutí el tema.
Por Francia, Oksana Zoppini considera que: el acuerdo UE–Mercosur ofrece tanto oportunidades significativas como desafíos importantes para Francia. Desde un punto de vista estratégico, refuerza los vínculos geopolíticos de Europa con América del Sur y abre nuevas posibilidades para las industrias francesas, especialmente en los sectores automotriz, de maquinaria, químico y de bienes de lujo. Sin embargo, sus beneficios siguen condicionados a la eficacia de las salvaguardas ambientales y a la capacidad de preservar una competencia justa para los agricultores franceses y europeos. El acuerdo solo podrá ser positivo para Francia si los compromisos relativos a la sostenibilidad, el control de la deforestación y el cumplimiento de las normas sanitarias y ambientales de la Unión Europea se aplican rigurosamente. Sin garantías sólidas, los riesgos de distorsión del mercado y degradación ambiental pueden superar las ganancias económicas esperadas.
Por Alemania, Bettina Mertgen destaca que para la industria alemana, el acuerdo UE–Mercosur ofrece ventajas sustanciales, ya que mejora significativamente el acceso a un mercado amplio y en rápido crecimiento, con más de 260 millones de personas. Sectores clave orientados a la exportación, como las industrias automotriz, de ingeniería mecánica, química y farmacéutica, se benefician especialmente de la amplia reducción de aranceles elevados que hasta ahora pesaban fuertemente sobre la competitividad de los productos alemanes en América del Sur. El acuerdo también proporciona marcos regulatorios más estables y transparentes, mayor protección de la propiedad intelectual y la eliminación de barreras técnicas al comercio, factores que fomentan la inversión y las asociaciones locales de producción.
De especial relevancia estratégica es el acceso facilitado a materias primas críticas, como litio, cobre y hierro provenientes de la región del Mercosur, indispensables para la movilidad eléctrica, la tecnología de baterías y las energías renovables. En términos generales, el acuerdo fortalece la competitividad internacional de la industria alemana, asegura las cadenas de suministro y abre nuevas oportunidades de crecimiento y diversificación más allá de los mercados tradicionales como Estados Unidos y China. Sin embargo, la remisión de la cuestión al Tribunal de Justicia de la Unión Europea retrasa una implementación rápida y, por ello, se considera ampliamente una oportunidad estratégica perdida para una posición europea más fuerte e independiente en el comercio global.
Al mismo tiempo, el acuerdo UE–Mercosur también ha sido objeto de críticas en Alemania, especialmente en lo que respecta a la agricultura, la protección ambiental y la sostenibilidad. La Asociación Alemana de Agricultores advierte sobre desventajas competitivas derivadas de importaciones agrícolas adicionales procedentes de América del Sur, producidas bajo estándares inferiores de bienestar animal, protección ambiental y uso de pesticidas, lo que podría ejercer una presión significativa sobre los precios que enfrentan las explotaciones domésticas.
Organizaciones ambientales y sectores del espectro político, especialmente entre los “Verdes”, también cuestionan la eficacia y aplicabilidad de las cláusulas de sostenibilidad y temen un aumento de la deforestación y de los daños climáticos, particularmente en la región amazónica. Los críticos argumentan además que, aunque las normas europeas se aplican formalmente, su monitoreo y cumplimiento efectivos en la práctica son insuficientes.
Desde la perspectiva de Polonia, destacada por Natalia Kabacinska, el acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur ha generado un intenso debate en Polonia, un país que se destaca como uno de los principales productores agrícolas de la Unión Europea. Los actores polacos están lejos de ser unánimes en su evaluación del acuerdo. Mientras algunos agentes del sector empresarial lo consideran un desarrollo manejable e incluso bienvenido, otros expresan profundas preocupaciones sobre su posible impacto en el sector agroalimentario nacional.
Dentro de su experiencia, Natalia comparte el posicionamiento de un empresario polaco, Michal Szafarz, de Diet-Food, que ilustra la visión de los empresarios europeos involucrados en el comercio entre ambos bloques. Veamos: al analizar el acuerdo celebrado entre la UE y el Mercosur, no identifico grandes amenazas para la agricultura polaca ni para la industria de procesamiento de alimentos. Soy importador, distribuidor, exportador y fabricante, y en ninguna de estas áreas de comercio con países del Mercosur se está produciendo ninguna revolución negativa. La tan demonizada importación de carne bovina, que supuestamente inundaría la UE, en realidad será bastante limitada, en un nivel solo ligeramente superior al actual. Se plantean dudas sobre la calidad de los productos de América Latina, pero la gente olvida que estos productos ya se importan actualmente (esto se aplica a todos los productos, de todas las partes del mundo) bajo reglas que no cambiarán; estos productos seguirán teniendo que cumplir las normas europeas.
Las voces críticas son difundidas por personas que no tienen idea de cómo funcionan en la práctica la importación de mercancías, su despacho aduanero y su colocación en el mercado, sin mencionar las normas sanitarias y veterinarias.
Se presentan ejemplos de algunos segmentos de la agricultura que podrían verse teóricamente afectados por este acuerdo, olvidando las enormes oportunidades que la apertura de los mercados del Mercosur podría ofrecer, por ejemplo, a la industria láctea, productores de confitería, fabricantes de suplementos o el sector farmacéutico.
Debe observarse que los acuerdos de asociación deben aportar beneficios a ambas partes mediante la apertura de sus mercados. Cada parte puede perder en un área, pero ganar en otra, y no se puede sobrecargar el acuerdo con la perspectiva de un solo segmento reducido de la industria, pues en ese caso nunca podríamos concluir ningún acuerdo.
Sin embargo, no todos en Polonia comparten este optimismo. Como señalan Natalia Kabacińska y Magdalena Zielińska-Kuc, del despacho WKB Lawyers, Polonia observa el acuerdo con el Mercosur con considerable escepticismo. Destacan que en el debate público se argumenta que el acuerdo puede alterar significativamente las condiciones comerciales y la competencia en el sector agroalimentario. Los productores polacos temen que, tras su conclusión, alimentos producidos a costos significativamente más bajos entren en el mercado de la UE (y, en consecuencia, en el mercado polaco), aumentando la presión sobre los precios de los productores europeos.
Señalan que Polonia es uno de los mayores productores de aves, carne bovina y azúcar de la Unión Europea. Dado que el acuerdo con el Mercosur prevé preferencias precisamente para estos productos originarios del bloque, los agricultores polacos temen un riesgo real de caída en la rentabilidad, lo que también podría afectar negativamente al mercado laboral, especialmente en las zonas rurales.
Natalia también destaca que el acuerdo representa una oportunidad para los exportadores polacos de alimentos. El mercado del Mercosur es enorme: para la agricultura polaca, el acuerdo significa acceso a un mercado de aproximadamente 270 millones de consumidores. Se trata, por tanto, de una oportunidad significativa.
Desde la perspectiva empresarial brasileña, los sectores vitivinícola y lácteo expresan preocupación ante la reducción arancelaria prevista en el acuerdo, que tiende a aumentar la competitividad de los vinos y quesos europeos en el mercado brasileño.
Por otro lado, el sector del mueble en Brasil tiende a beneficiarse de la posibilidad de adquirir equipos de tecnología avanzada a menor costo.
Como se ha analizado, el EMPA presenta simultáneamente oportunidades y desafíos para ambos bloques.
En este contexto, los efectos adversos podrán mitigarse mediante medidas de salvaguardia.
En última instancia, se trata de mecanismos de ajuste fino del tratado.
Fábio Stefani,