04/08/2026
La metáfora de Ulises y Eneas revela por qué tantas empresas familiares sucumben en tiempos de transición y cómo el liderazgo moderno debería abordar la perpetuidad de su legado.
Tras ver la nueva adaptación de La Odisea en el cine, sentí la necesidad de releer el clásico de Homero, junto con la Eneida de Virgilio. Al revisar estas obras desde la perspectiva del derecho corporativo y la gestión empresarial, se hace evidente cómo la literatura clásica, con una precisión atemporal, describe las razones por las que las grandes empresas prosperan o se desmoronan a lo largo de las generaciones.
En la Odisea, seguimos la saga de Ulises, un líder extraordinario que fue engullido por una guerra que no eligió. Su tragedia a su regreso a Ítaca no se debe a la falta de valor, sino a decisiones equivocadas, a no haber comprendido los riesgos del viaje y al desaliento provocado por fuerzas superiores. El resultado es dramático: Ulises pierde a toda su tripulación y, al regresar solo, encuentra su hogar en ruinas, sus bienes dilapidados y a su hijo indefenso ante la furia de los invasores.
¿Cuántas empresas familiares no repiten el viaje de Ulises? Fundadores con una visión brillante dedican décadas a las batallas diarias de las operaciones del mercado, pero descuidan la gestión interna y el gobierno de su propia "casa". Al tomar decisiones sin una planificación adecuada ni prevención de riesgos, presencian la dispersión de sus equipos, la devaluación de sus activos y la vulnerabilidad de sus herederos.
En contraste con el turbulento regreso de Ítaca, la Eneida presenta una perspectiva opuesta sobre la continuidad. Ante el colapso y la destrucción de Troya, Eneas comprende que la supervivencia de su pueblo no radicará en aferrarse a las ruinas, sino en la capacidad de buscar nuevos caminos. Una obra artística inmortalizó al héroe en un gesto emblemático: huyendo de la ciudad en llamas, carga sobre sus hombros a su anciano padre, Anquises, mientras guía de la mano a su joven hijo, Ascanio.
En esta imagen reside la lección más profunda sobre la perpetuidad para el entorno empresarial contemporáneo. El padre sobre los hombros representa el respeto sagrado por la historia, los valores y el esfuerzo de la generación fundadora. El hijo de la mano simboliza la responsabilidad de preparar y guiar a la siguiente generación para que pueda desenvolverse con autonomía. Eneas, en el centro, encarna el liderazgo del presente, responsable de tomar las decisiones estratégicas que conectan el pasado con el futuro.
En un escenario económico desafiante, marcado por aceleradas transformaciones tecnológicas, la lección que se desprende de los clásicos es clara: la longevidad empresarial exige más que resiliencia operativa. Requiere la lucidez para estructurar la empresa antes de que llegue la tormenta, sustituyendo la improvisación de Ulises por la visión de futuro y la capacidad de reorganización de Eneas. Proteger los activos existentes y allanar el camino para quienes vendrán después no es simplemente una cuestión de prudencia legal, sino la verdadera línea divisoria entre la naturaleza efímera de un negocio y la construcción de un legado duradero.
Alessandro Spiller,